Como cada año, con la llegada del verano, los españoles planifican sus vacaciones comparando diferentes destinos que visitar. Sin embargo, cada año se topan con una paradoja cada vez más inquietante: volar a Punta Cana les sale casi igual -o incluso más barato- que pasar una semana en Menorca. La isla balear, célebre por sus calas turquesas y tranquilidad natural, ha escalado posiciones en la lista de destinos turísticos más caros de España. Tanto, que ya compite en precios con enclaves del Caribe o de Asia Menor.

Según un estudio realizado por el portal de viajes Destinia, unas vacaciones tipo en Menorca -una semana en agosto para dos personas, en hotel de cuatro estrellas todo incluido y buena ubicación- pueden costar hasta 2.726 euros. Esto supera el precio de viajar a Anatolia (Turquía) y se aproxima peligrosamente a los 2.883 euros de Punta Cana o los 3.100 de la Riviera Maya. La única diferencia es que Menorca está a apenas 900 kilómetros de Madrid, y los otros destinos, a más de 8.000.

Para Enrique Espinel, COO de Civitatis y destacado experto en marketing y operaciones en el sector turístico a nivel global, el fenómeno no es casual, sino el resultado de «una tormenta perfecta» que lleva años gestándose. «Muchos destinos nacionales, especialmente los insulares, tienen una capacidad muy limitada. Cuando se junta una demanda muy alta con poca oferta, sobre todo en verano, es inevitable que los precios se disparen«, explica el experto en una entrevista con Informativos Telecinco. 

Espinel lo confirma: «Lo estamos viendo muy claramente en nuestras métricas. Desde 2023, las reservas de viajeros españoles hacia destinos internacionales han aumentado más de un 50%. Esta escalada puede provocar que destinos muy populares pierdan al turista nacional, que ha sido históricamente su principal motor». 

Hay varios factores que explican esta preferencia: «Vuelos más accesibles, ganas de vivir nuevas experiencias lejanas y, en muchos casos, precios que compiten directamente con los de ciertos destinos nacionales», explica el experto. 

Y la gran pregunta, ¿el aumento de precios en destinos nacionales continuará? Espinel cree que la respuesta dependerá de las decisiones que tomen tanto el sector privado como las administraciones públicas. «Si no se amplía la oferta, se diversifican los destinos y se gestiona mejor la demanda, es probable que los precios sigan subiendo en temporada alta«.  

Un incremento de precios que puede llegar a provocar que «el turista nacional se quede fuera«, y eso cambia la identidad del lugar. «Si solo vienen turistas con un nivel adquisitivo alto o extranjeros, se pierde esa conexión tan valiosa entre el destino y su gente local. La diversidad en el turismo es fundamental para que sea sostenible y equilibrado», comenta. 

Según Espinel, el perfil de viajero más afectado es el viajero nacional medio: «Familias, parejas, incluso grupos de amigos que antes optaban por pasar una semana en la playa dentro de España». Los cuales se ven obligados a tener que adaptar sus vacaciones. «Ajustan sus días libres en temporadas de turismo más bajas o en elegir destinos más económicos», explica. 

Para evitar que esta situación vaya a más, Espinel asegura que hay herramientas para revertir la tendencia. Su apuesta es la de provocar una desestacionalización y diversificación de la oferta. «En Civitatis, por ejemplo, contamos con más de 95.000 actividades en todo el mundo. Nuestra apuesta es que el turista no se limite a viajar en julio o agosto, y que no se conforme con la playa. Eso es lo que permite equilibrar la presión sobre los destinos y seguir generando valor sin saturarlos», concluye. 

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